En el mes del Amor y la Amistad, una visita al Cementerio Central de Bogotá rescata el legado de Soledad Acosta de Samper y abre una reflexión sobre el amor que libera y las amistades que impulsan a crecer y ser auténticos.
Septiembre suele llenarse de mensajes sobre el amor y la amistad. Sin embargo, más allá de los regalos, las celebraciones y las tradiciones, existen historias que nos permiten comprender estos vínculos desde una dimensión más profunda.
Al recorrer los senderos del Cementerio Central de Bogotá, donde descansan figuras que ayudaron a construir la historia intelectual y cultural del país, emerge la presencia de Soledad Acosta de Samper, escritora, periodista, historiadora y una de las voces más influyentes del siglo XIX colombiano. Su legado sigue vigente porque abordó temas que continúan interpelándonos: la libertad, la educación, la autonomía y la manera en que construimos nuestras relaciones humanas.
Como suele recordar el escritor Luis Izquierdo, acercarse a la vida de Soledad es descubrir que el amor verdadero nunca debe significar la renuncia a la identidad propia. Casada con el escritor y periodista José María Samper, encontró en la relación una alianza intelectual y humana basada en el intercambio de ideas, el respeto y el crecimiento mutuo. Para ella, amar no era poseer ni imponer, sino acompañar.
Esa convicción quedó reflejada en obras como Dolores y Una holandesa en América, donde cuestionó las imposiciones sociales sobre las mujeres y defendió su derecho a pensar, aprender y elegir libremente su destino. Su mensaje sigue teniendo una fuerza extraordinaria en una época que busca relaciones más auténticas y conscientes.
Pero Soledad también entendió el valor de la amistad. La concebía como un espacio de confianza, apoyo y crecimiento personal, una relación capaz de impulsar a las personas hacia sus mejores versiones sin exigir que renuncien a sus sueños o diferencias.
Desde la serenidad de la memoria que habita el Cementerio Central, su pensamiento parece recordarnos una de sus reflexiones más memorables:“El alma y el corazón de una mujer son mundos incógnitos en que se agita el germen de mil ideas, sueños ideales y deleitosas visiones”. Una frase que, más de un siglo después, continúa invitándonos a reconocer la riqueza interior de cada ser humano y la importancia de respetar su individualidad.
En este mes del Amor y la Amistad, la historia de Soledad Acosta de Samper nos deja una enseñanza sencilla pero poderosa: las mejores relaciones son aquellas que nos permiten crecer, pensar libremente y seguir siendo quienes realmente somos. Porque amar y ser amigos, en el sentido más profundo, es construir espacios donde la libertad, el respeto y la admiración caminan siempre de la mano.
Porque la memoria vive, en los Cementerios Distritales.